Cómo elegir un árbol para un jardín pequeño
El error no es elegir mal el árbol de hoy. Es no mirar el que será dentro de quince años.
El error no es elegir mal el árbol de hoy. Es no mirar el que será dentro de quince años.
La pregunta no es cuál es más bonito. Es qué quieres que haga: tapar, frenar el viento, marca...
El suelo sigue templado y vuelven las lluvias. Todo lo que plantes ahora llega a la primavera...
Casi todas las plantas que se pierden el primer año no se pierden por la especie, ni por el riego, ni por el frío. Se pierden por cómo se hizo el hoyo. Y es la parte más aburrida, la que se hace con prisa.
Dos pruebas de dos minutos que te ahorran disgustos.
La prueba del puñado. Coge tierra ligeramente húmeda y aprieta. Si se deshace en cuanto abres la mano, es arenosa: drena mucho y retiene poco. Si queda una bola compacta que se pega, es arcillosa: retiene agua y se encharca. Si se mantiene pero se rompe al tocarla, enhorabuena.
La prueba del drenaje. Haz un hoyo de un palmo, llénalo de agua y déjalo vaciar. Vuélvelo a llenar y mira el reloj. Si tarda más de cuatro horas en vaciarse, tienes un problema de drenaje y hay que resolverlo antes de plantar nada que no sea de ribera.
La regla es simple: el triple de ancho que el cepellón, y exactamente igual de hondo.
Ancho, porque las raíces nuevas crecen hacia los lados y lo que les cuesta es atravesar tierra compactada. Y no más hondo, porque la tierra removida del fondo se asienta con el tiempo, la planta baja con ella y acaba enterrada por el cuello.
Si tu tierra es arcillosa, raya las paredes del hoyo con la pala. Un hoyo liso en arcilla funciona como una maceta: el agua entra y no sale.
Mezcla con la tierra que has sacado un 20 o 30 % de compost o estiércol bien hecho. No más. Si rellenas el hoyo con sustrato puro creas una bolsa tan esponjosa que la raíz no quiere salir de ahí.
Abono mineral en el hoyo, nunca. Quema la raíz nueva, que es justo la que necesitas que funcione. El abono va en primavera, repartido por encima y regando después.
El punto donde el tronco se ensancha para convertirse en raíz tiene que quedar a ras de tierra. Ni un dedo por debajo.
Es el error más común y el más lento de manifestarse: la planta tarda dos o tres años en morir, y para entonces nadie relaciona una cosa con la otra. Pon el cepellón en el hoyo y comprueba con el mango de la pala apoyado en el suelo.
Haz un alcorque, un pequeno bordillo de tierra alrededor, para que el agua de riego se quede donde tiene que estar en vez de escaparse.
Y cubre con acolchado: corteza, paja, restos de poda triturados. Cinco centímetros, sin que toquen el tronco. Mantiene la humedad, impide que la tierra se compacte con las lluvias y ahorra la mitad del riego del primer verano.
Riega abundantemente justo después de plantar, aunque la tierra esté húmeda y aunque vaya a llover. Ese riego no es para dar agua: es para que la tierra se pegue a las raíces y desaparezcan las bolsas de aire. Sin él, las raíces en contacto con aire se secan.
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